Feliz Domingo, día del Señor....

Lectura del Evangelio según san Mateo (25,1-13):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: «¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!» Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: «Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas.» Pero las sensatas contestaron: «Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis.» Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: «Señor, señor, ábrenos.» Pero él respondió: «Os lo aseguro: no os conozco.» Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.».

REFLEXIÓN

A Jesús le gusta hablar en sentido parabólico que es mucho más rico y está siempre abierto a futuras interpretaciones. Por eso descubrimos el significado de esta parábola en estos tres puntos:

1.– UNA LLEGADA QUE SE RETRASA.

La primera comunidad estaba convencida de que era inminente la segunda venida de Jesús. Por eso había una gran expectación. A nosotros nos ha llegado la palabra más usada en esa época: MARANATHA. “Ven, Señor Jesús”. El mismo Pablo sabe relativizar todo porque “la representación de este mundo se acaba” (1Cor. 7,29-31). Es el evangelista Lucas el que, escribiendo una obra en dos partes, nos dice que con Jesús no acaba la historia sino que ahora comienza la Iglesia que debe prolongar en el tiempo el mensaje de Jesús. Pero no se pudo evitar que, al diferirse la llegada del Señor, la comunidad se echara a dormir. Lo peor es que este sueño se prolonga demasiado… En nuestra Iglesia hay mucha gente dormida, paralizada, desmotivada, cansada, sin creatividad, sin iniciativas, sin ganas de iniciar algo nuevo, algo que dé respuestas concretas a los interrogantes del hombre de hoy.

2.– UNA LAMPARA QUE SE APAGA.

La parábola de hoy es muy actual. El relato está tomado de la vida cotidiana. Después de un año o más de desposorios, se celebraba la boda, que consistía en conducir a la novia a la casa del novio, donde se celebraba el banquete. Después el novio, acompañado de sus amigos y parientes iba a casa de la novia para conducirla a su propia casa. En la casa de la novia le esperaban las amigas de la novia, que la acompañarían en el trayecto. Todos estos rituales tenían lugar de noche, de ahí la necesidad de las lámparas para poder caminar. Las vírgenes necias tenían las antorchas preparadas con los trapos que deberían de impregnarse de aceite, pero se les había olvidado. Al prender los trapos sin aceite, se quemaron rápidamente y quedaron feos, ennegrecidos. Una vida sin el aceite del amor se apaga rápidamente y la antorcha quemada da pena verla. Así aparece también nuestra propia vida. No lucimos, no alumbramos, y sufrimos la tristeza de una vida malograda, la amargura de una vida sin sentido. En la vida, todo lo que no puede reciclarse en amor, se pierde.

3.– UNA ANTORCHA ENCENDIDA QUE BRILLA EN LA NOCHE Y ADORNA EL BANQUETE DE BODAS.

Lo esencial en esta parábola es la luz. Una luz que “arde” con el aceite del amor. Así ardía el corazón de los discípulos de Emaús después del encuentro con Jesús. Hoy la Iglesia necesita gente que arda ante las cosas de Dios. Gente apasionada, entusiasmada, que contagie vida, amor, esperanza, alegría. Esas personas brillan, alumbran a tantas personas que se han apartado de Dios y están totalmente perdidas y desorientadas en la noche de nuestro mundo actual. Al mundo actual no lo salvarán los predicadores de turno, sino los místicos, los que han experimentado algo, los que han buceado en el mar infinito de Dios, y narran “lo que han visto y oído”. En otros tiempos tal vez era suficiente hablar de Dios. Hoy día es necesario “hablar desde Dios”. En realidad, “de Dios solo podemos hablar de lo que Él hace en nosotros “ (K. Bart) Es lo mismo que María: “El poderoso ha hecho obras grandes en mí” (Magníficat). Esta antorcha encendida entra en el Banquete del Rey. Estos son los que de verdad disfrutan de Dios.

 

PREGUNTÉMONOS....

1.- ¿Cómo estoy viviendo el momento actual en la Iglesia? ¿Estoy dormido? ¿Estoy de vuelta de todo? ¿O estoy esperanzado?

2- ¿Tengo la sensación de estar en la Iglesia como antorcha apagada? ¿Voy a permanecer en esa posición?

3.– ¿Estoy viviendo mi fe con gozo, con esperanza, con verdadera ilusión?