Parroquia Patriarca San José - Valencia

 

PRIMER DOMINGO ADVIENTO

 

Anunciad que viene el Señor

 

Al iniciar un camino, cualquier camino, solemos unir nuestro ánimo con la mirada puesta en la meta. Así nos habla la Palabra de Dios: un pueblo desolado que mira al Padre, una comunidad que necesita ser animada y que busca su fidelidad, un compromiso para estar vigilantes responsablemente, un anuncio que sane y libere.

 

Iniciar el camino de Adviento nos exige confianza y obediencia a Jesús para que nuestro compromiso, ante las situaciones injustas que viven tantas personas, ayude a cambiar el desánimo y la desolación en acogida, en miradas esperanzadoras de futuro, como el pueblo de Israel.

 

En este momento en que podemos andar dormidos o despistados, anunciad que viene el Señor.

 

ORACIÓN INICIAL

 

¡Ven, Espíritu de Dios!

¡Ven, viento divino!

Irrumpe en nuestras vidas,

transforma nuestro interior

y prepáralo para acoger la Palabra.

 

¡Ven, fuego del cielo!,

reposa en cada uno de nosotros,

purifica nuestros oídos y nuestro corazón

para escuchar y vivir la Palabra.

 

¡Ven, lenguaje de Dios!

Enséñanos a hablar como tú quieras,

lo que tú quieras, cuando tú quieras.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Amén.

 

CANCIÓN

 

TÚ, SEÑOR, SABES BIEN (VEN, SEÑOR JESÚS)

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Tú, Señor, sabes bien

lo que yo tengo guardado en mi interior,

todo aquello que me aturde,

lo que no puedo olvidar,

de esas cosas que no dejan caminar.

 

Tú, Señor, hasta hoy,

me has seguido en cada paso de mi vida

y me has dado grandes cosas

que no puedo olvidar,

los momentos que en mi vida quedarán.

 

Por eso, ven, Señor Jesús,

que te quiero hoy decir que mis ojos se han abierto

y que sin ti no puedo más seguir.

Ven, Señor Jesús, que ahora tengo el corazón

con un grito que me pide tu amor.

 

LECTURA (Lectio)

Mc 13, 33-37

 

Ya desde este primer domingo empezamos a escuchar al evangelista Marcos, que nos acompañará durante todo el año.

 

El Evangelio de hoy es el final del discurso escatológico en Marcos. Jesús ofrece a sus oyentes una breve parábola invitándoles a la vigilancia. El discurso tiene la finalidad de responder a los interrogantes de los discípulos sobre el final de los tiempos. Se hacen una gran pregunta: ¿Cuándo sucederá todo eso? Esto era algo que preocupaba mucho a las primeras comunidades. Vivían con una gran expectativa escatológica. Vivían con el ardiente deseo de volver encontrarse con el Señor resucitado y vivir con él para siempre. ¿Y nosotros?

 

En este texto sobresalen dos claves: la abundancia de imperativos presentes (mirad, vigilad, velad) y la repetición del termino «velar» (3 veces) y sinónimos («vigilar»). Ahí radica su mensaje principal.

 

La preparación continua es la actitud espiritual que debe determinar la vida de todo discípulo y toda la vida del discípulo.

 

No nos resulta cómodo que nos despierten y nos inviten a velar, a vigilar, y mucho menos a anunciar. Pues eso es lo que hace Jesús con nosotros. «Lo digo a todos. ¡Velad!». Es un toque de atención, es una llamada a la vigilancia.

 

MEDITACIÓN (Meditatio)

 

Estad atentos, vigilad; pues no sabéis cuándo es el momento.

 

Ante la vida, no podemos dormirnos, sólo así podremos descubrir y vivir cotidianamente la presencia del Señor en nuestra historia y nuestro mundo. ¿Qué cosas me adormecen y no me dejan centrarme en lo esencial? Son muchos los hombres y mujeres que caminan por la vida sin meta ni objetivo, con el riesgo de no descubrir nunca una fuerza que los despierte de su indiferencia, pasividad, comodidad y superficialidad cotidiana. ¿Qué necesitaría para despertarme y estar atento al paso de Dios por mi vida?

 

…dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea…

 

No podemos delegar en nadie el encargo de vigilar y trabajar. ¿Cuál es la tarea que estoy llevando a cabo, como respuesta a la llamada de Dios en mi equipo de vida, en mi parroquia, en mi trabajo, en mi familia, en mi barrio….? ¿Qué tendría que hacer para responder mejor a la llamada que Dios me hace?

 

Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa…

 

¿Cómo se nota en mi vida que estoy en actitud de vigilancia ante la venida del Señor? ¿Qué pasos tendría que hacer para que esa expectación fuese más intensa y continua? Viene el Señor... anunciémoslo con obras y palabras

 

…no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos.

 

Muchas personas tienden a «evadirse» del mundo por distintas circunstancias: problemas, comodidad, indiferencia…. Cada uno se sirve de su «droga» particular que le lleva a un «falso mundo feliz» escapando del duro presente. ¿Cuáles son las vías de escape que quizás yo utilizo: el sexo, la droga, el juego, la televisión…?

 

Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!

 

Velar es no dejarse vencer por el sueño, no caer en el sopor o en la pereza o en la rutina. ¿Qué me hace caer en estas cosas? Vigilar es mirar al futuro: como hacen los que se preocupan de que nuestro mundo, nuestro medio ambiente, no vaya deteriorándose, sino que lo podamos dejar en herencia a nuestros sucesores en las mejores condiciones posibles. ¿Qué hago para hacer posible un mundo mejor? ¿Qué debería hacer? ¿Cómo anuncio a otras personas el Evangelio? ¿Cómo debería hacerlo? ¡Déjate sorprender por aquel que viene y nos salva!

 

ORACIÓN (Oratio)

 

Mi palabra responde a la Palabra. Se inicia mi diálogo con la Palabra. Oro el texto, brota viva la oración. Es el momento de hacer nuestra oración, es el momento de responder a la Palabra de Dios.

 

Ahora, tras un rato de silencio para la oración personal, podemos compartir esa oración, con el resto del grupo, en forma de petición, alabanza o acción de gracias. Al finalizar ese momento de compartir podemos recitar juntos la siguiente oración.

 

Jesucristo, Palabra del Padre,

luz eterna de todo creyente:

ven y escucha la súplica ardiente,

ven, Señor, porque ya se hace tarde.

 

Cuando el mundo dormía en tinieblas,

en tu amor tú quisiste ayudarlo

y trajiste, viniendo a la tierra,

esa vida que puede salvarlo.

 

Ya madura la historia en promesas,

sólo anhela tu pronto regreso;

si el silencio madura la espera,

El amor no soporta el silencio.

 

Con María, la Iglesia te aguarda

con anhelos de esposa y de madre,

y reúne a sus hijos en vela,

para juntos poder esperarte.

 

Cuando vengas, Señor, en tu gloria,

que podamos salir a tu encuentro

y a tu lado vivamos por siempre,

dando gracias al Padre en el reino. Amén

 

(Himno - Liturgia de las Horas)

 

CONTEMPLACIÓN (Comtemplatio)

 

Ahora es el momento de descansar en la presencia de Dios y dejarse transformar por su Palabra; cuando se hace en comunidad es guardar silencio por un tiempo, es estar en la presencia de Dios.

 

Ante la manifestación de Dios, me postro, adoro. Silencio ante la Palabra.

 

COMPROMISO (Actio)

 

La Palabra en acción. La Palabra da frutos. Se cumple, se realiza. Es el momento de asumir un compromiso, en respuesta a la Palabra, para llevarlo a la vida.

 

¿Cómo voy a anunciar y testimoniar lo que el Señor me ha hecho descubrir en esta oración?

 

COMUNICACIÓN (Collatio)

 

La Palabra compartida. Sopeso con otros mi respuesta a la Palabra. Dialogo con los hermanos. Escucho a los demás y les comunico mi vivencia.