Evangelio según san Marcos 6,1-6:

En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: ¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?» Y esto les resultaba escandaloso. Jesús les decía: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.» No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

Palabra del Señor

En el evangelio aparecen muchas veces los escándalos y, en concreto, en este evangelio. Pero aquí no se refiere Jesús a los escándalos de tipo moral. Aquí se trata de los escándalos de tipo doctrinal, de los que escandalizan a los paisanos de Jesús.  Y nos fijaremos en tres puntos: el escándalo de los paisanos, el escándalo de Jesús y el escándalo de la Iglesia.

1.– EL ESCANDALO DE LOS PAISANOS. Los paisanos de Jesús se escandalizan de que Jesús, que ha vivido con ellos treinta años haciendo lo mismo que ellos, ahora haga cosas distintas, incluso milagros. No aceptan la Encarnación de Dios en la sencillez, en la humildad, en la vida ordinaria en un pueblo insignificante. Sólo aceptan al Dios del A.T. que se manifiesta en el fuego, en la tormenta, en el huracán, en el paso majestuoso del Mar Rojo. No aceptan a un Dios que se puede manifestar también en la “suave brisa” (1Reg. 19,12) de los días ordinarios vividos con mucho amor. Nos cuesta aceptar un Dios que pasa por la vida “como uno más, como uno cualquiera” (Fil. 2,7).  No aceptamos un Dios que “trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre…en todo semejante a nosotros excepto en el pecado” (G.S. 22). Los hombres de todos los tiempos preferimos ese Dios Majestuoso, que habita más allá de las estrellas. En cambio, este es el Dios que necesitamos: uno de los nuestros, que entiende nuestros trabajos, sufrimientos y angustias porque “él mismo los ha vivido, los ha experimentado”.  Es nuestro hermano. 

2.– EL ESCANDALO DE JESUS. Jesús no se extraña, no se escandaliza de cualquier cosa. No se escandaliza de nuestras miserias y nuestros pecados. Tiene un corazón grande que sabe perdonar. Lo que le escandaliza a Jesús es “nuestra poca fe”.  Naturalmente se trata de la fe que Él quiere suscitar en el corazón de los creyentes: Una confianza ilimitada en Dios-Abbá, padre maravilloso a quien le podemos invocar con la sencillez, la ternura y el encanto con que un niño habla con su “papá”. Un Padre que no hace distinciones y “hace salir el sol sobre buenos y malos y manda la lluvia sobre justos y pecadores”.  (Mt. 5,45).  A Jesús le escandaliza que sigamos creyendo en ese Dios que nos habla de “año de gracia y de venganza” (Is. 61,2) y no se acepte a un Dios que “sólo hable de la gracia” (Lc.4,19). Esto es tan intolerable que sus mismos paisanos quieren despeñarle (Lc. 4, 29).  Estamos más a gusto con un Dios vengativo, justiciero, que trata de vencer por la fuerza de su poder antes de convencer con el encanto de su amor.  También Juan Bautista participaba de estas ideas y, estando en la cárcel, siente dudas de fe. ¿Será o no será el Mesías? Y Jesús se limita a decirle: “Dichosos los que no se escandalizan de mí” (Mt. 11,6). Es decir, dichosos los que no se escandalizan de que el Dios revelado por Jesús sea tan bueno, tan misericordioso, tan cercano, tan genial.

3.– EL ESCANDALO DE NUESTRA IGLESIA. El escándalo de la Iglesia no está en que los conventos y seminarios los tengamos medio vacíos, ni que la gente venga cada vez menos a Misa, ni siquiera que haya sacerdotes y religiosos manchados con pecados detestables que el Papa Francisco trata de erradicar.  El gran escándalo de la Iglesia es que no hemos cumplido con el mensaje principal de Jesús, el mensaje que, al ser el más importante, se lo guardó para el fin, como su “testamento”. Y este mensaje lo conocemos todos: “AMAOS UNOS A OTROS COMO YO OS HE AMADO”. El escándalo de la Iglesia es que, como decía el Papa San Juan XXIII “este mensaje de Jesús, a veinte siglos de distancia, los cristianos lo tenemos sin estrenar”. Esta es la señal que nos dejó Jesús para conocer si somos cristianos o no. San Juan es contundente:” EL QUE NO AMA NO HA CONOCIDO A DIOS” (1Juan 4,8). El que no ama no tiene ni idea de lo que es Dios. EL QUE NO AMA NO SABE ADONDE VA (1Juan 2,11).  La Iglesia primitiva que era la admiración de los paganos porque los cristianos se amaban “MIRAD COMO SE AMAN” (Tertuliano. S.II) sí sabía adónde iba. Nuestra Iglesia está totalmente despistada, fuera de la pista del amor. LA IGLESIA SIN AMOR ESTA MUERTA (1Juan 3,14). Busquemos donde está la raíz del escándalo de la Iglesia.   

OS PROPONGO QUE HOY NOS PREGUNTEMOS…

1.- ¿Estoy dispuesto a cambiar la imagen que tengo de Dios por la que me ofrece Jesús en el Evangelio? 

2.- ¿Me preocupa que Jesús se escandalice de mi mala fe, de mi poca fe?  ¿Qué voy a hacer para convertirme a Él?

3.- ¿Estoy dispuesto a cumplir el testamento de Jesús? ¿Qué medios voy a usar para conseguirlo?