Tienda

25 DIC 2025

NAVIDAD. "Gloria a Dios..."

Una antigua costumbre prevé para la fiesta de Navidad tres misas, llamadas “de medianoche”, “de la aurora” y “del día”. En cada una, a través de las lecturas que varían, se presenta un aspecto distinto del misterio de forma que se tenga de él una visión por así decirlo tridimensional. El Evangelio de la misa de medianoche se concentra en el hecho histórico. Se describe con una desconcertante sencillez, sin ostentación alguna. Tres o cuatro líneas de palabras humildes y corrientes para describir el acontecimiento, en absoluto, más importante en la historia del mundo: la llegada de Dios a la tierra. La tarea de mostrar el significado y alcance de este acontecimiento lo confía el evangelista al canto que los ángeles entonan después de haber dado el anuncio a los pastores: “Gloria a Dios en lo alto del cielo y paz en la tierra a los hombres que ama el Señor”

EVANGELIO San Lucas 2, 1-14

Sucedió en aquellos días que salió un decreto del emperador Augusto, ordenando que se empadronase todo el Imperio. 2Este primer empadronamiento se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. 3Y todos iban a empadronarse, cada cual a su ciudad. 4También José, por ser de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, 5para empadronarse con su esposa María, que estaba encinta. 6Y sucedió que, mientras estaban allí, le llegó a ella el tiempo del parto 7y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada. 8En aquella misma región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño. 9De repente un ángel del Señor se les presentó; la gloria del Señor los envolvió de claridad y se llenaron de gran temor. El ángel les dijo: "no temáis, os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre". De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo: "Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad"

REFLEXIÓN

Querida comunidad, queridos niños, jóvenes y familias:

Esta noche estamos aquí porque algo nos ha traído. Tal vez la costumbre, la familia, la fe, la nostalgia o simplemente el deseo de que esta noche sea distinta. Y lo es. Porque en medio del silencio de la noche, Dios hace algo sorprendente: se hace pequeño.

No nace en un palacio, no llega con aplausos, no se impone.

Dios se confía. Se deja poner en brazos. Se deja cuidar. Se deja amar.

Y eso cambia por completo nuestra idea de Dios.

En un mundo que admira la fuerza, el éxito y la apariencia, Dios nos muestra otra lógica: la de la ternura, la cercanía, la fragilidad que no es debilidad, sino amor verdadero.

Por eso la Navidad tiene tanto que decirnos hoy, especialmente a vosotros, niños y jóvenes. Dios no solo os ama: quiso parecerse a vosotros. Eligió crecer paso a paso, aprender de otros, preguntar, equivocarse, levantarse. Dios eligió el camino humano, completo, real.

El Evangelio nos habla de los pastores. Ellos estaban trabajando, cuidando, haciendo lo de todos los días. Y allí, en medio de la noche común, irrumpe una noticia extraordinaria.

Esto nos enseña algo muy profundo: Dios se manifiesta en la vida cotidiana, no solo en los momentos perfectos, sino también en lo simple, en lo que parece poco importante.

A los niños, esta noche Dios os dice al oído: “Gracias por recordarle al mundo que confiar todavía es posible.”

A los jóvenes, Dios os habla con claridad: “No os conforméis con poco. No apaguéis vuestras preguntas. No renunciéis a la esperanza, aunque a veces todo parezca confuso.”

Y a los adultos, Dios nos interpela con cariño: “Cuidad la vida. Sed refugio. Sed presencia fiel. No endurezcáis el corazón.”

El pesebre no es solo una escena bonita. Es una propuesta de vida.

Nos invita a bajar el ritmo, a escuchar más, a juzgar menos, a amar mejor.

Nos recuerda que la verdadera grandeza está en servir, y que el amor auténtico siempre empieza siendo pequeño.

Esta noche, al acercarnos al Niño, no le pidamos cosas complicadas.

Pidámosle lo esencial:

un corazón más humano,

una mirada más compasiva,

una fe que no sea miedo, sino confianza.

 

Que esta Navidad no se quede en unas horas, sino que se vuelva camino.

Que lo que hoy celebramos se note mañana en casa, en el colegio, en el trabajo, en la calle.

 

Porque cuando Dios nace en un pesebre, nos está diciendo algo muy claro:

la luz no hace ruido, pero cambia todo.

 

Que esa luz nos acompañe, nos cuide y nos enseñe a vivir de otra manera.

Feliz y santa Navidad.


Para el Papa Francisco los personajes del nacimiento no son figuritas del pasado

"Lo entendieron, en esa noche, los pastores, que estaban entre los marginados de entonces. Pero ninguno está marginado a los ojos de Dios y fueron justamente ellos los invitados a la Navidad"

"En los pasos de José y María se esconden tantos pasos. Vemos las huellas de familias enteras que hoy se ven obligadas a marchar"

"Un niño nos hace sentir amados, pero también nos enseña a amar. Dios nació niño para alentarnos a cuidar de los demás"

"El Señor, por boca del profeta Isaías, se lamenta de que mientras el buey y el asno conocen su pesebre, nosotros, su pueblo, no lo conocemos a Él"