Tienda

12 FEB 2022

VI DOMINGO T.O. "BIENAVENTURADOS..."

Domingo VI Tiempo Ordinario - C

 

Evangelio según san Lucas (6,17.20-26)

Después de bajar con ellos, se paró en una llanura con un grupo grande de discípulos y una gran muchedumbre del pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía: «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo! ¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre! ¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis! ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que vuestros padres hacían con los falsos profetas.

Palabra del Señor

 

Reflexión

Todas las personas llevamos en lo más profundo de nuestro ser un hambre insaciable de felicidad. Allí donde encontramos a un hombre, podemos estar seguros de que nos hallamos ante alguien que busca exactamente lo mismo que nosotros: ser feliz.

Sin embargo, cuando se nos pregunta qué es la felicidad y como encontrarla, no sabemos dar una respuesta demasiado clara. La felicidad es siempre algo que nos falta. Algo que todavía no poseemos plenamente.

Por eso, la escucha sencilla de las bienaventuranzas provoca siempre en la persona un eco especial. Por una parte, su tono fuertemente paradójico y su contenido lleno de contrastes produce en nosotros un cierto desconcierto. Por otra parte, la promesa que encierran nos atrae, pues ofrecen una respuesta a esa sed que nace desde lo más hondo de nuestro ser. La esperanza de encontrar un día la felicidad penetra en nuestro corazón de manera inolvidable.

A los cristianos se nos ha olvidado demasiado que el evangelio es una llamada a la felicidad. Y que ser cristiano es sentirse llamado a ser feliz y a descubrir desde Jesús el camino verdadero de la felicidad.

Porque no todos los caminos conducen hacia la felicidad. Y aquí es donde precisamente nos encontramos con el reto de Jesús de Nazaret. La verdadera felicidad se alcanza por caminos completamente diferentes a los que nos ofrece la sociedad actual.

Según Jesús, es mejor dar que recibir, es mejor servir que dominar, compartir que acaparar, perdonar que vengarse, crear vida que explotar. Y en el fondo, cuando uno trata de escuchar sinceramente lo mejor que hay en lo más hondo de su ser, intuye que Jesús tiene razón. Y desde muy dentro siente necesidad de gritar también hoy las bienaventuranzas y las maldiciones que Jesús gritó.

Felices los que saben ser pobres y compartir lo poco que tienen con sus hermanos. Malditos los que sólo se preocupan de sus riquezas y sus intereses.

Felices los que conocen el hambre y la necesidad porque no quieren explotar, oprimir y pisotear a los demás. Malditos los que son capaces de vivir tranquilos y satisfechos, sin preocuparse de los necesitados.

Felices los que lloran las injusticias, las muertes, las torturas, los abusos y el sufrimiento de los débiles. Malditos los que se ríen del dolor de los demás y se alegran de la muerte de un hermano.